
Hilos invisibles: cómo los vínculos nos transforman
diciembre 10, 2025
Amor líquido
enero 13, 2026No estoy triste pero tampoco bien: estados grises del ánimo que no parecen graves, pero pesan
No estoy triste.
No lloro todos los días.
No me ha pasado nada especialmente grave.
Y, aun así, tampoco estoy bien.
Es difícil de explicar. La vida sigue, funcionamos, cumplimos, respondemos. Incluso hay momentos agradables.
Pero algo dentro está apagado, como si la emoción se hubiera quedado a medio camino. No duele lo suficiente como para pedir ayuda con urgencia, pero llega un momento en el que pesa lo bastante como para no poder ignorarlo.
Muchas personas llegan a consulta nombrándolo así:
“No sé qué me pasa, pero no termino de estar bien.”
Cuando el malestar emocional no es evidente
No todo sufrimiento se manifiesta como tristeza profunda o como ansiedad desbordante.
No todo lo que duele se nota desde fuera.
A veces aparece como una sensación difusa: desconexión, cansancio emocional, dificultad para entusiasmarse, vivir un poco en automático. No hay un motivo claro ni una palabra exacta. Solo ese “estoy regular” “voy haciendo” “voy tirando” que se instala y acompaña los días.
Estos estados grises del estado de ánimo suelen pasar desapercibidos, incluso para quien los vive.
¿Por qué cuesta tanto reconocer que no estamos bien?
Este tipo de malestar se minimiza con facilidad:
🌿“No es para tanto.”
🌿“Debería estar bien.”
🌿“Hay gente que está peor.”
🌿“No sé ni cómo explicarlo.”
Trabajo, familia, compromisos…muchas veces no tenemos tiempo para parar. Muchas veces nos da miedo parar…porque si paramos, quizá conectamos demasiado con cómo estamos y entonces, nos anestesiamos…con redes sociales, nos llenamos de planes, bebemos más de la cuenta…lo que sea para no acabar de conectar con nosotros mismos, con que algo dentro de uno, no acaba de estar bien.
Vivimos en una cultura que valida el dolor solo cuando es evidente, intenso o justificable. Lo demás se silencia.
Y así, muchas personas aprenden a dudar de lo que sienten, a restarle importancia, a seguir adelante sin escucharse demasiado.
A veces no estamos mal, pero tampoco estamos cuidados.
Y esa falta de cuidado interno también pesa.
¿Cómo se manifiesta en lo cotidiano?
Este “no estar bien” suele aparecer de forma sutil:
🌿Menos ilusión por cosas que antes apetecían.
🌿Cansancio que no se alivia solo descansando.
🌿Menos deseo, menos presencia.
🌿Sensación de estar cumpliendo, pero no habitando del todo la vida.
🌿Dificultad para conectar con lo que se siente.
El cuerpo y la mente nos van hablando bajito, y llaman nuestra atención “¡Eh! Que algo no está funcionando”
No es debilidad, es información
Desde una mirada psicológica, estos estados no indican un fallo personal. Son señales. Algo dentro necesita ser mirado, pensado y elaborado.
En muchas ocasiones, este malestar tiene más que ver con cómo nos estamos vinculando —con otros o con nosotros mismos— que con algo “que no funciona”.
A veces habla de emociones que no han encontrado lugar, de duelos poco reconocidos, de vínculos que desgastan, de una exigencia interna constante o de una desconexión con el propio deseo.
No siempre pide una solución rápida. Muchas veces pide un espacio donde poder entender qué está pasando.
¿Qué pasa cuando no escuchamos ese malestar?
Cuando estos estados se silencian durante demasiado tiempo, no suelen desaparecer por sí solos. A veces se transforman.
Puede aparecer como un cansancio cada vez más persistente, como irritabilidad, como una sensación de vacío difícil de explicar o como una ansiedad que llega sin un motivo claro.
En otras ocasiones, el malestar se cuela en los vínculos: relaciones que se sostienen más por miedo que por deseo, dificultades para poner límites, una necesidad constante de agradar o, por el contrario, un distanciamiento emocional que protege, pero también aísla.
También es frecuente que el cuerpo empiece a hablar más alto: tensiones, insomnio, molestias físicas recurrentes, una sensación general de estar desbordada por cosas pequeñas.
No porque algo esté “mal” en quien lo siente, sino porque lo que no se escucha termina buscando ser atendido de otra manera.
Poner palabras como primer gesto de cuidado
Decir “no estoy triste, pero tampoco bien” es empezar a escucharse sin juicio y sin exigirse estar mejor de inmediato.
La psicoterapia puede ofrecer un espacio para pensar estos estados con calma, sin etiquetas y sin exigirse respuestas inmediatas. Un lugar donde poner palabras, comprender lo que ocurre y abrir nuevas formas de estar con uno mismo y con los demás.
¿Te resuena?
Si algo de este texto te resuena, quizá no sea casual.
A veces, atender lo que pesa —aunque no se vea— es el primer paso para volver a estar con más presencia.
¿Te acompaño?
Trabajo desde una mirada cálida, respetuosa y profunda.
Ofrezco terapia presencial en Zaragoza y online.
📩 Puedes llamarme o escribirme a través del formulario de contacto o por WhatsApp.
Estoy para ti.
